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Jean Lambert London's Green MEP

El impacto del Brexit sobre el comercio

Una de las creencias sin fundamento que circulaba antes del referéndum de la UE era que tras el Brexit el Reino Unido podría negociar varios acuerdos comerciales sin problemas. No obstante, esta creencia no tenía en cuenta la enorme complejidad que supone negociar acuerdos comerciales – una tarea delicada muy compleja y que requiere mucho tiempo.

Por ejemplo, debemos preguntarnos quién tomará las decisiones relacionadas con los futuros acuerdos comerciales del Reino Unido. ¿Sólo el gobierno? ¿O también tendrá voz el Parlamento? ¿Qué principios esenciales – si es que se establece alguno – formarán la base de las negociaciones para asegurar la seguridad de productos y servicios?  ¿Y la protección de los derechos humanos? ¿Se tendrá en cuenta en los acuerdos (tal y como se hace actualmente con el sistema GSP+ de la UE), o quizás los derechos humanos universales serán más bien un obstáculo para alcanzar acuerdos?

Dentro de la UE, el Parlamento Europeo tiene la capacidad de aprobar o rechazar acuerdos comerciales antes de que entren en vigor. Esto significa que los representantes electos de cada uno de los Estados miembros pueden opinar sobre el acuerdo presentado y que si creen que es perjudicial, pueden rechazarlo en votación.

Sin embargo, la actual proposición de ley de comercio del gobierno británico – caso sea aprobada en el Parlamento sin cambios sustanciales – otorga a los ministros un poder sin precedentes para crear y modificar acuerdos comerciales sin necesidad de pasar por el filtro del parlamento. Esto significa, por ejemplo, que Boris Johnson y Donald Trump podrían negociar un nuevo acuerdo comercial a puerta cerrada sin ningún control democrático.

Todo esto contrasta claramente con el enfoque de la UE, donde el Parlamento Europeo tiene la capacidad de aprobar o rechazar acuerdos comerciales antes de que entren en vigor. y que, por lo tanto, los representantes electos de cada uno de los Estados miembros puedan opinar sobre el acuerdo presentado.

El fracasado acuerdo para el Área de Libre Comercio Trasatlántico (TTIP) entre la UE y los Estados Unidos pone de relieve cómo podría ser de perjudicial un acuerdo de tales características. Por ejemplo, cualquier acuerdo entre el Reino Unido y los Estados Unidos es muy probable que incluyera alguna polémica cláusula de arbitraje de diferencias estado-inversor (ISDS). Estos tribunales tienen mecanismos extrajudiciales que acostumbran a favorecer el poder de las grandes empresas en detrimento del interés público. Un acuerdo de este tipo podría permitir cualquier cosa, desde carne impregnada de antibióticos u hormonas, hasta la participación de los Estados Unidos en el sistema de sanidad pública del Reino Unido o la práctica de la fracturación hidráulica en zonas rurales.

Estos son sólo algunos de los asuntos que los negociadores tendrían que abordar de entrada – antes de pasar a negociar los detalles minuciosos de tarifas para cada producto o servicio.

En enero de 2017 preparé el documento UK Trade after the Brexit vote (El comercio en el Reino Unido tras el referéndum del Brexit), que recopila opiniones y puntos de vista sobre el tema de la mano de diputados ecologistas, profesionales del mundo académico, activistas y sindicatos – tanto del Reino Unido, como de la Unión Europea y otros países. Lea o descargue el documento aquí.